El agua de la vida
El
despacho del alcalde se sumerge en un silencio gélido. Sobre la
mesa, el titular de la prensa local escuece como la más cruel
quemadura:
«El
fraude de las fuentes: comisiones y sed, pero sed de justicia
El escándalo de las nuevas fuentes
ornamentales de agua potable ha dinamitado el consistorio. El
vicealcalde don Emiliano Pillo dimite tras conocerse que la empresa
adjudicataria del proyecto ha reconocido el pago de comisiones
ilegales en el proceso de licitación. Ahora esta ciudad tiene ciento
ochenta nuevos puntos de suministro de agua potable, auténticos
bodrios de penosa estética repartidos por las aceras de sus más
emblemáticas calles y plazuelas; a fin de que alguno, o varios
miembros del consistorio, aún por determinar cuántos y quienes,
hayan saciado su sed, no de agua sino de enriquecimiento ilícito.»
I.
La veteranía de Dimas
Dimas Fernández Viejo, el concejal que
acumula más trienios de la corporación, accede al despacho del
alcalde con paso lento pero firme
—Estimado Eduardo: ¿Cómo estás?
—Dimas le tiende la mano al alcalde.
—¿Cómo voy a estar? Jodido, muy
jodido por la malignidad de esta prensa injuriosa —le enseña la
portada— son pura carroña.
—Sí, es tremendo, Eduardo. Este
fraude de las fuentes ha dado al traste con nuestra credibilidad. Hay
que volver a transmitir confianza. Pero tú ya me conoces desde hace
muchos años; y quiero transmitirte que en esta triste coyuntura
puedes contar absolutamente conmigo.
—Efectivamente, de eso quería
hablarte. —el alcalde levanta la vista y con un tono de voz más
reservado continúa— Necesito una persona de toda confianza. Mira:
Tú ya sabes que vamos a requerir amplio consenso para aprobar la
nueva ordenanza del centro histórico ¿verdad? Ahí sí que nos la
jugamos. Si la oposición bloquea la nueva ordenanza nos quedamos sin
poder hacer la ampliación de los siete aparcamientos del centro, que
tanta falta nos hace; o sea... que tanta falta hace a la ciudad. A
ver... —se toma un respiro para continuar— Te propongo un plan:
Tú, que te llevas bien con la oposición, convéncelos para que
voten a favor; siempre has tenido mucha mano izquierda —alza a
media altura la suya y la hace girar con gesto pícaro— venga,
Dimas, tú puedes, y si lo consigues el puesto de vicealcalde es
tuyo, te lo digo así de claro. Ah, pero eso sí, hay que hacerlo en
total confidencialidad ¿eh? Si alguien del partido se entera que
estás mercadeando, el trato entre tú y yo se rompe. Absolutamente
nadie puede saberlo. ¿De acuerdo?
—Por supuesto que sí, Eduardo.
Muchas gracias por tu confianza. Mi nombramiento como vicealcalde
calmará las aguas, ya verás, supondrá pasar de esta maldita página
a una nueva etapa.
—Pues adelante —se levanta el
alcalde para darle una palmadita en la espalda acompañada de una
sonrisa de viejo zorro.
II.
La ambición de Bruno
Tras salir Dimas, entra en el despacho
Bruno de las Heras, el concejal responsable de Urbanismo y
Medioambiente, además de segundo teniente de alcalde; un cuarentón
de buena familia y gran ambición, quien, con aire rimbombante y en
clave graciosa, le pregunta:
—¿Tendría usted un minuto para mí,
señor alcalde?
—Incluso dos si son pequeños, señor
de las altas Heras, je, je —Le contesta el alcalde señalándole la
silla de enfrente.
—Pues al grano que voy: A ver... lo
de las fuentes ha sido un gravísimo error de gestión.
—No, un error no —interrumpe el
alcalde— una cagada tremenda —le replica con expresión facial
homicida.
—Sin duda, un absoluto despropósito
—asevera Bruno— y tú sabes, Eduardo, que yo estuve contigo
totalmente en contra de ese absurdo proyecto de las fuentes
ornamentales de agua potable. Ya conoces mis planes para modernizar
la ciudad de arriba a abajo y también la buena mano izquierda que
tengo con los medios —hace una pausa para ajustar la posición de
las mangas de su chaqueta, dejando visibles los gemelos de plata y
continúa— Pues si tú tienes a bien asignarme la Vicealcaldía yo
haré que se olviden de esas malditas fuentes. Te aseguro que en
menos de una semana...
—¡Para! Para de una vez, Bruno —le
interrumpe al alcalde— déjate de rollos y céntrate en lo
importante ¿Cuál es ahora tu máxima prioridad? —hace una breve
pausa para continuar sin esperar la respuesta de Bruno— ¡La nueva
ordenanza, coññño! —se responde a sí mismo subiendo el volumen
y enfatizando el sonido de la eñe— Como concejal de urbanismo que
eres, esa es tu única prioridad en estos momentos: la ordenanza. No
desvaríes, joder.
—Por supuesto, la nueva ordenanza es
absolutamente fundamental —responde Bruno sumiso.
A continuación el Alcalde, ya algo más
calmado, le repite el mismo encargo que a Dimas: conseguir el apoyo
de la oposición para aprobar la nueva ordenanza y asegurar el
secreto absoluto de las maquinaciones hechas en todo el proceso.
Bruno asiente convencido de que su retórica será suficiente para
conseguir su doble objetivo, la ordenanza y la vicealcaldía.
III.
Silvio y sus anotaciones
Finalmente, el alcalde convoca a un
tercer candidato muy admirado por él: Silvio Gómez Lobo, el tercer
teniente de alcalde y responsable del área de Cultura, Turismo y
Deporte. Un joven ambicioso pero discreto, con un currículum
envidiable, muy técnico, y adicto, eso sí, a la Inteligencia
Artificial.
—Hombre... si viene por aquí mi
queridísimo y estimado Lobo ¿Cómo estamos? —se dan la mano y a
continuación el alcalde le lleva hacia el amplio ventanal del
despacho— Mira, mira la vista que nos han plantado aquí delante.
¿Tú te acuerdas de como puse yo a caer de un burro ese absurdo plan
de Emiliano y sus fuentes cuando nos lo contó? Pues mira... —le
señala hacia el centro de la plaza— Una auténtica mierda. ¿Qué
cojones pinta ahí aquella fuente con esas letras tan enormes? En eso
sí tiene razón el periódico de hoy, las llama «bodrios
de penosa estética»
Ja, ja.
—Hombre, Eduardo... yo, la verdad...
tampoco las veo tan feas —se atreve a contestar Silvio— Y cumplen
su función; porque... ahora no, pero en verano serán de gran
utilidad para beber y refrescarse ¿no crees?
—Lo que tu quieras, pero ¿y esas
letras ahí tan grandes y feas?
—Se han pasado en el tamaño de
letras, sí, pero en cada fuente el texto es distinto ¿sabes? Son
títulos de cuentos tradicionales, en este caso es uno de los
hermanos Grimm, «El
agua de la vida», un
cuento en el que...
—Bueno, bueno, todo eso son chorradas
—le interrumpe el alcalde— A ver. Nos sentamos que tengo que
contarte cosas. Voy a serte franco, Silvio; creo que ha llegado tu
hora.
—Sí, tú ya sabes que, como buen
«hombre
lobo» que soy, ando
siempre al acecho de todas las oportunidades que puedan surgir —le
contesta Silvio expectante, creyendo que a continuación le va a
nombrar directamente viceconsejero.
Una vez acomodados, el alcalde le
plantea de forma pormenorizada el mismo reto que a los dos colegas
anteriores; supeditando su nombramiento a la aprobación de la nueva
ordenanza. Silvio le escucha con máxima atención mientras va
anotando las palabras clave en el móvil, hasta que finalmente le
contesta:
—Quince días, Eduardo. Sólo te pido
quince días de máxima discreción y silencio absoluto. Pero creo
que sí sé cómo conseguir ese voto favorable de la oposición. Me
pongo a trabajar ya mismo, venga.
IV.
Tras quince días de silencio
El alcalde, que dos semanas después
continúa asediado por los medios con preguntas sobre las comisiones
ilegales de las fuentes, le dice a la secretaria que no le moleste
nadie, se encierra en su despacho y llama por teléfono a Dimas.
—Hola Dimas. Dime que ya tenemos
asegurado el sí de la oposición, venga.
—Alcalde... lo lamento. Les he
invitado ya a tres comidas. He ofrecido pactos de legislatura,
incluso cederles la presidencia de la Empresa Municipal de
Transportes... pero nada, están cerrados en banda. Quieren sangre
por el tema de las fuentes. No he podido cumplir tu encargo. De
verdad que lo siento.
El alcalde cuelga sin despedirse y
llama a Bruno.
—¡Señor Alcalde! —exclama Bruno
con energía impostada— Tengo el tema bien encarrilado, solo que el
portavoz de la oposición es un tipo muy voluble y está dando la
lata. He diseñado un plan de comunicación para que vean los
beneficios de la nueva ordenanza y...
—Bruno, déjate de planes que la
votación es el lunes. ¿Tienes asegurado su voto a favor o no?
—Bueno, es que además han surgido
unas filtraciones adicionales que saldrán mañana en prensa sobre
las facturas de las fuentes ¿sabes? que han dificultado el clima de
confianza... En resumen, todavía no tengo el compromiso en firme.
El alcalde cuelga bruscamente y llama
desesperado a Dimas. El teléfono suena, pero no responde. Tras diez
desesperantes minutos el móvil vibra sobre la mesa con un WhatsApp.
Silvio.- «Hola
Eduardo, disculpa que no atienda tu llamada. Estoy precisamente
reunido con ellos, aunque aún falta que se incorpore el secretario
general de su partido. Pero te puedo adelantar que estamos cerrando
el pacto por la nueva ordenanza. Te llamo en cuanto terminemos»
El alcalde se levanta a deambular por
el despacho, arrastrando su angustia de un extremo al otro cual oso
enjaulado. La votación es el lunes. Tiene sólo 5 días. Necesita
recomponer su estrategia en ambos escenarios: con o sin el voto de la
oposición.
Una hora después por fin suena el
teléfono. Es Silvio.
—Eduardo: está resuelto —dice
Silvio con voz neutra y clara— El lunes votarán a favor de la
nueva ordenanza. Sin ruidos y sin protestas.
—¡Bravo! ¡Bravísimo! —el
alcalde, eufórico, alza sus brazos al vuelo— Joder... van a votar
a favor a pesar de toda la mierda mediática que está saliendo a
relucir en contra nuestra. ¿Cómo lo has conseguido, Silvio?
—Pues es largo de explicar, han sido
dos semanas agotadoras, pero al final la clave ha sido, básicamente,
un mero intercambio de amenazas —explica Silvio— Y el pacto es
fruto de ese toma y daca, bueno y... sobre todo gracias al rastreo
por mi parte de todas sus últimas adjudicaciones de obras en otras
ciudades y en ámbitos regionales y nacionales; una búsqueda
exhaustiva en la que ha ido apareciendo mucha mierda. Total que ha
llegado el momento crítico en el que los dos partidos nos tenemos
cogidos por los huevos el uno al otro, Je, Je. No había más remedio
que llegar a un acuerdo. Y así ha sido.
—Ja, ja, ja... —el alcalde
suelta una carcajada triunfal— ¡Qué grande eres, Silvio! Los
tienes acorralados. Mañana mismo firmas tu nombramiento como
vicealcalde.
—No, Eduardo. Perdona, pero es que
aún me faltan cosas por contarte— responde Silvio con una frialdad
que interrumpe la risa del regidor— No voy a ser tu vicealcalde,
no.
—Pero... ¿Qué me dices? Ese fue el
pacto ¿Ahora ya no quieres el puesto?
—Pues no, Eduardo. Es que... mira: el
acuerdo es de mucho mayor alcance. Te lo explicaré con detalle
mañana si quieres, porque ahora tengo que cerrar con ellos algunos
puntos sueltos más.
—Pero Silvio no me dejes así,
hombre, dame al menos los titulares del acuerdo.
—Ay, cómo eres, Eduardo. Venga, te
hago un breve resumen: El primer paso es que ellos nos hacen una
moción de censura, que se convocará para dentro de dos semanas o
así y...
—¿Qué me dices? —le interrumpe
indignado el alcalde— ¿nos meten una moción de censura? ¡No
jodas!
—No te preocupes, está todo pactado.
En el desarrollo de esta moción nos van a proponer un pacto de
gobierno, una coalición entre los dos partidos, lo cual nos valdrá
para evitar que los medios se ceben tanto con nosotros como con
ellos, porque algo de la mierda que te contaba que he encontrado sí
va a salir a flote ¿sabes? será inevitable, mierda tanto suya como
nuestra; y esta coalición nos valdrá de vacuna, nos librará de que
los medios abran fuego contra los dos partidos, ya que, aunque salgan
a flote esas mierdas, no habrá denuncia alguna ni por parte de ellos
ni por parte nuestra ¿comprendes?
—No, no comprendo nada, me cago en...
El alcalde está a punto de entrar en
un ataque de ira, pero Dimas continúa su explicación:
—Es algo muy habitual en otros
países. En Alemania lo llaman «Große
Koalition».
Es la forma de dar estabilidad y agilidad a la gestión política.
Tanto a nivel estatal como en las regiones y en las ciudades. Además
así evitan tener que contar, para cada decisión por mínima que
sea, con partidos extremistas a uno y otro lado.
—Pero vamos a ver si me aclaro,
Silvio ¿Me estás diciendo que yo voy a tener que incluir en mi
equipo de gobierno a concejales de la oposición? ¿A esa gilipollez
de acuerdo habéis llegado para que podamos sacar adelante la nueva
ordenanza?
—No, no, Eduardo. No en tu equipo
sino en el mío. Yo voy a ser el nuevo alcalde ¿Quién si no? En eso
ellos han estado de acuerdo desde el principio. Compréndelo. Date
cuenta que los datos, las pruebas... toda la información la tengo
yo. Y ahora, en los tiempos que corren, ya sabes, tener la
información es tener el poder. Eso es así. ¿Comprendes, Eduardo?
—No, no entiendo nada, pero eres un
cabronazo de mierda, un hijo de... —su voz, cada vez más tenue,
apenas se escucha.
—Comprendo tu enfado, Eduardo. Pero
de verdad que no tienes por qué preocuparte de nada, te lo aseguro.
Tú sigues de edil y te daré a elegir la concejalía y el área que
prefieras —continúa Silvio su explicación— Y mira... pues por
ejemplo lo tuyo con Emiliano, que en esto de las fuentes no estabas
con él, pero en varias adjudicaciones anteriores sí ibais a pachas;
en todo eso de verdad que ya no hay ningún riesgo de que salga a la
luz. Tú confía en mí, Eduardo. Ah... y de lo de los aparcamientos,
tampoco te preocupes, hemos pactado respetar tu acuerdo previo del
tres por ciento para ti y ellos se conforman con un dos. Vale con que
infle el proveedor su oferta en un cinco por ciento y listos,
solucionado ¿Comprendes, Eduardo?
—..........
—Eduardo ¿sigues ahí?
—..........