Me encuentro sumido en una terrible ansiedad. Llevo cuatro años trabajando en la misma empresa que Berta. Ella y yo salimos juntos de vez en cuando, pero soy testarudo y no quiero darme cuenta de un hecho irrefutable: yo la amo con toda mi alma y sin embargo ella a mí nada de nada; así de fácil. Pero a pesar de ello caigo una y otra vez en la misma trampa, me trago con gusto ese enigmático anzuelo de su amable sonrisa y sus carantoñas. Aunque muchos días tenga también que presenciar esas mismas carantoñas suyas hacia nuestro odiado jefe, el Ramírez, ese imbécil a quien de lunes a viernes debemos obedecer todos en esta oficina; un cretino. Y así ando, estúpidamente empeñado en una misión imposible: conseguir su amor. Soy un gilipollas.
Hoy viernes de nuevo me enfrento al dilema: ¿Le envío un mensaje proponiendo vernos mañana o paso totalmente de ella? Últimamente rara vez consigo que quedemos. Sólo me atrevo a pedirle una cita cuando cuento con un buen plan. Veamos... «Te invito a comer en un sitio guay que me han recomendado en el monte del Pardo; luego nos damos un grato paseo al solecito de otoño y vemos juntos una hermosa puesta de sol ¿vale?». Aunque... Voy a ver el pronóstico del tiempo para mañana... Qué mierda, nublado. No, no lo veo un plan apetecible. Aún sin plan ya estoy con el teléfono en la mano, joder, soy terco, y no sólo eso, también soy un personaje patético incapaz de controlar mis impulsos. No puedo esperar más. Nada de mensajitos. Te llamo.
—Hola Fran ¿qué tal?
—Hola Berta. Pues es que tengo ahora que bajar a tu planta en busca de un expediente y ya, de paso, te invito a un café en la calle.
—Ay, pues no puedo, lo siento, es que llevo una mañana hasta arriba de curro y estoy precisamente ahora saliendo a desayunar fuera con dos compañeras. Ya te llamo luego ¿vale?
—Ah, muy bien, de acuerdo, hasta luego.
Joder, nunca encuentro el momento. O me adelanto o llego tarde. Pues nada, me voy a la terraza a aliviar mi frustración. ¿Por qué demonios me tengo que sentir mal? Qué estupidez. Ya salgo. Efectivamente el cielo se está nublando y mucho, no creo posible el plan para mañana. Veo a la gente de un lado para otro. Desde aquí arriba sólo sus cabezas, pero imagino sus rostros alegres, la mágica ilusión de los viernes. Todos contentos, todos esperanzados, menos yo. Qué mierda de pesimismo el mío. Pues tengo que sacudirme esta maldita manía de verlo todo negro. Estoy harto. Espero una llamada suya. ¿Qué más necesito? Me conformo con eso. Basta ya de lamentaciones.
Anda, pero ¿qué veo...? Me parece que esa... ¡Hostias! ¡Berta, sí! y Berta con alguien. ¡Dioooos! ¡Berta con el Ramírez, con el puto amo de mierda. Me cago en todos sus muertos. No lo soporto. Qué cojones puedo hacer yo ahora... A ver... Esta maceta, sí. Tengo buena puntería. Busco la vertical... un par de metros más a la derecha... Aquí justo. La arrojo. Allá va... ¡Hijo de la gran putaaaaa...!
