Thursday, 18 June 2026

La visión directa, sin nubes que la escondan

(Una Ucronía para el taller Bremen)

  La espesa capa de nubes comienza a abrirse intermitentemente dejando algunos claros por debajo de nosotros. Miro de reojo a Don; él sigue concentrado en los indicadores de cada uno de los instrumentos del panel, mientras mueve obsesivamente la mandíbula de un lado a otro.

Llevo todo el vuelo con la cabeza inundada por las imágenes que publicaron ayer sobre cómo era y cómo ha quedado la ciudad de Hiroshima tras la bomba. El estómago se me revuelve.

¿Has visto la prensa, Don?

Sí, claro. Ha sido la hostia, tío; la guerra está ganada.

¿Pero qué me dices? La guerra se ganó ya en mayo con la rendición de Hitler; lo que pasa es que estos japoneses son gilipollas, no saben a qué demonios juegan.

Así es, Charlie, pero no es momento ahora de ponerse a charlar, tío, estamos llegando, mira... sólo tres millas nos faltan.

Hace más de dos meses que no veo a mi preciosa Emi. Estará mosqueada, seguro. Me arrepiento de no haberle ni tan siquiera escrito una carta. Soy un desastre. Desde que fui elegido para esta misión tampoco he querido contactar con mi familia ni con amigos; cuando pienso en el día de mañana, no me gustaría que nadie pudiera sentirse de alguna manera cómplice tras haber cumplido yo con esta maldita misión.

¡Objetivo a la vista, Charlie! —me grita Don—. El valle industrial de Nagasaki, je, je, míralo... Y ya toda la ciudad está ahí, ahí mismo... Abro compuertas ¿eh?

La visión directa de la ciudad, sin nubes que la escondan, me estremece sobremanera.

¡No! ¡Espera! —le grito y extiendo mi mano para bloquear el mando de apertura de la bodega— Tengo que revisar mentalmente todo el procedimiento.

Al ver que bloqueo la apertura, Don se gira hacia mí con ojos de odio. Se quita el micro de la boca para gritarme directamente a la cara:

¿Pero qué cojones haces, Charlie? ¡Ya tenemos el objetivo ahí abajo! Nos vamos a pasar ¡Soltemos la bomba de una vez!

¡No me jodas, Don! —le devuelvo el grito con firmeza— Tú has visto las fotos de Hiroshima ¿verdad?  ¡Eso que ves allí abajo no es un objetivo militar, no, son miles y miles de casas con gente viviendo ¿comprendes?! ¡Cien mil personas a tomar por culo en un segundo! Me cago en dios. ¡No, no voy a hacerlo!

¡No me jodas! ¡Obedecemos órdenes directas del Presidente. Si no tiramos esa bomba nos fusilan por alta traición, ¡no me seas gilipollas, Charlie!

¡Que le den por el culo al presidente Truman y a sus órdenes! —la adrenalina me quema las venas. Agarro la palanca y meto el pie a fondo en el pedal. El avión se inclina violentamente y empieza a virar a la izquierda, alejándose del punto objetivo—. ¡Nos volvemos! ¡Se acabó!

¡Estás loco, joder, estás completamente loco! —Don, fuera de sí, golpea rabioso sus muslos con ambos puños— ¡Además no tenemos combustible para volver a Tinián con el peso de este muerto que llevamos en la bodega! ¡Nos iremos de cabeza al mar por tu culpa! ¡Me cago en todos tus...!

Aterrizaremos en Okinawa que está mucho más cerca le aclaro y continúo hablando en tono ya más calmado Escúchame bien, Don:  soy el comandante de este vuelo; la decisión es mía y solo mía ¿de acuerdo? Tú sencillamente vas en este avión como copiloto. Soy yo, exclusivamente yo, quien me comeré el marrón enterito ¿comprendes?

Don me sostiene unos segundos su mirada de indignación, soltando una retahíla de insultos entre dientes y respirando exhausto cual animal herido. A continuación se gira resignado hacia los mandos y empieza a recalcular la maniobra hacia Okinawa sin decir una sola palabra más.

Ya estamos en ruta de escape. Los motores zumban. Miro por la ventanilla hacia atrás; las nubes vuelven a tapar Nagasaki. Pero siguen vivos; todos sus habitantes siguen vivos ahí abajo. Una sensación tremenda de alivio me invade.

 Un arma que ha resultado tan terriblemente destructiva y letal como la arrojada hace tres días sobre Hirosima debería haber sido suficiente para renunciar definitivamente a su uso ¿Por qué utilizar una segunda? Tal vez a partir de esta renuncia de hoy se llegue a acordar entre todos los países no volver a fabricar jamás nada similar. Me llamarán traidor, cobarde, hijo de puta... Me da igual. Lo siento por mis seres queridos, sí, y me entristece muchísimo por Emi, mi querida Emi. Que hagan conmigo lo que les dé la gana, pero prefiero morir odiado por todo el mundo que vivir el resto de mi vida consciente de haber masacrado a cien mil personas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

https://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Sweeney

 

https://www.britannica.com/event/atomic-bombings-of-Hiroshima-and-Nagasaki